No se si es porque no me muevo en círculos cinéfilos o porque esta película no está considerada por la crítica respetada como una de las mejores historias de amor imposible, pero me da la impresión que El fantasma y la señora Muir es una perfecta desconocida para los que han empezado a aficionarse al cine hace poco. Sobre todo al cine al clásico.
Puede que su mezcla (fantástico, romántico, comedia y drama) haya provocado, no el rechazo (está bien vista en general en esas dichosas calificaciones de estrellas a la que somos tan aficionados cuando empezamos con una edad influenciable en esto del cine) pero si su olvido en las listas que con frequencia se realizan.
Lo curioso es que tuvo que haber un tiempo en que la gente supo apreciar y reconocer las virtudes de esta pequeña gran película. La prueba es que durante los años 60 se emitió una serie basada en ella (de corta vida y calidad inferior al film). Además de esto, durante los 90 y coincidiendo con el estallido del fenómeno Julia Roberts, se habló de un posible remake con Sean Connery en el papel del fantasma. Por fortuna, y aún siendo de la creencia que J.R. es una buena actriz, me alegro que no saliera adelante. ¿Para qué rehacer lo insuperable?
La música de Bernard Herrmann tiene una de las melodías más románticas y desesperadas de la historia del cine. Y decir esto de un músico que se especializó en bandas sonoras para películas con esta temática de amantes desencontrados (Vértigo, Fascinación, su ópera Cumbres Borrascosas...) es bastante. Los toques de comedia, los dramáticos y los fantásticos quedan subrayados con esta partitura. Escuchada de manera independiente es evocadora de un tiempo (principios del siglo XX), un lugar (la costa inglesa, en realidad California, ¡cosas del cine!), el mar y ese amor imposible en vida pero con final feliz en el más allá.
La muerte de uno de los amantes que es el fin en una historia de amor convencial aquí supone el principio de la realizacíón de este. Y es que en este largometraje, el fin es más que nunca el comienzo.
Las características fantásticas de El fantasma hacen que llegado un momento, el espectador desee que Lucy Muir pase a mejor vida (singular pensamiento para quien a lo largo de la película ha llegado a simpatizar con ella y su búsqueda de independencia en una sociedad que no se lo pone fácil) para que finalmente terminen juntos. Eso si, de manera plácida y una vez completado su ciclo vital. Se trata al fin y al cabo de los años 40, no hay que ser demasiado arriesgados.
Los actores no son de este mundo (ya se, demasiado obvio). Aunque la misoginia del fantasma que interpreta Rex Harrison pueda recordar a la de su profesor Higgins de My Fair Lady, nada más distinto. Uno, caballero educado para la vida de estudio, en un estudio. Otro, un lobo marino inquieto y aventurero con una única pasión, el mar. Hasta que aparece la sñra. Muir (su Eliza Doolittle) quien amplía su limitado mundo en espacio pero extenso en tiempo. Amargado por la imposibilidad de disfrutar de la sensualidad de una vida mortal, un personaje huraño que muta en un colaborador dispuesto a socorrer a la viuda y su familia (hija y criada amiga) para que puedan continuar con una vida propia, sin necesidad de ataduras de ningún tipo. Ayuda interesada porque el fantasma sabe que sin ella la eternidad será insoportable.
Gene Tierney es una actriz que a pesar de su belleza, nunca ha terminado de ser una de las grandes de la historia del cine. No puedo evitar verla como un pequeño gran secreto que aún debe descubrirse. Si pensamos en sus películas, son varias las que han quedado para la posteridad; Laura, Que el cielo la juzgue, La ruta del tabaco, El cielo puede esperar, El embrujo de Shangai, La noche y la ciudad... Todas obras maestras que merecen verse en repetidas ocasiones.
Gene Tierney es una actriz que a pesar de su belleza, nunca ha terminado de ser una de las grandes de la historia del cine. No puedo evitar verla como un pequeño gran secreto que aún debe descubrirse. Si pensamos en sus películas, son varias las que han quedado para la posteridad; Laura, Que el cielo la juzgue, La ruta del tabaco, El cielo puede esperar, El embrujo de Shangai, La noche y la ciudad... Todas obras maestras que merecen verse en repetidas ocasiones.
Su Lucy Muir es el mar en calma tras la tormenta del capitán. Su mirada tranquila y vidriosa, sus gestos reposados (esas manos), su espalda recta y cabeza erguida al salir de cualquier habitación, son detalles físicos que componen la psicología de un personaje aterrorizado por dentro ante la incertidumbre de la vida sin la protección de su marido (no un gran hombre, intuimos, por las palabras que ella misma le dedica brevemente) y la rica familia de este. Contrae con su hija (de niña Natalie Wood) y su criada una deuda y a ella les debe el salir victoriosa de esta aventura por la independencia. Esto le impide mostrarse aterrorizada o débil ante aquellos que esperan fracase en su vida en solitario. Es el capitán Daniel Gregg el único que conoce sus temores. El fantasma es su confidente, apoyo, ayuda en la consecución de la libertad económica y finalmente su eterno compañero.
Incapaz de verla caer en las redes de un Don Juan sin carácter, eso si de carne y hueso, George Sanders en uno de sus eternos caballeros refinados y sibilinos, el capitán decide retirarse cuando la vida a Lucy, empieza a irle bien. Queda su recuerdo borroso, la duda de si su contacto fue un sueño o real (por lo que leo en internet, hay gente que al ver la película piensa que el capitán es un producto de la imaginación del personaje de Lucy Muir. Podría debatirse). No es hasta la vejez cuando su crecida hija le comenta de pasada la existencia de la presencia de un viejo capitán en sus juegos infantiles cuando se da cuenta que este existió de verdad y fue él quien le dictó el libro con sus aventuras que la haría una autora de éxito.
Podría escribir más pero un escritor de verdad y apasionado de la película lo hizo mejor que yo en un artículo recogido en el libro "Donde todo ha sucedido" (su portada viene ilustrada por una fotografía de Gene Tierney en la película). Se trata de Javier Marías quien se extraña como la gente joven desconoce verdaderas obras maestras del cine de todos los tiempos. De eso, el culpable, es paradójicamente la tv nacional que desde hace años, dejó de programar películas como esta en horarios para todos los públicos. Así fue como yo mismo, pude descubrirla. Ahora hay otros medios para hacerlo. Espero que este texto sea uno de ellos.